Una pequeña aldea Hace cinco siglos, el común de los hombres llevaba una vida rústica que giraba en torno al trabajo de la tierra, o sea que estos hombres se dedicaban a arar, sembrar, cultivar. Algunos eran artesanos, trabajaban el cuero, la madera, los hilos.
Cultivaban el amor, compartían con sus vecinos y su familia. La guerra a veces se hacía presente. Y sus creencias, su religión, influían casi toda su existencia. El mundo de las letras y las artes, las ciencias, los conocimientos eran sólo de una minoría: algunos monjes, unos cuantos científicos.
Ahora casi todo es distinto. La vida de los niños y las niñas transcurre -en las ciudades y los campos- en torno a la cultura y a la ciencia; a la educación: leemos y estudiamos libros de biología e historia o escuchamos piezas musicales de rock and roll y salsa creadas hoy o sinfonías creadas hace doscientos años. Escuchamos y vemos en directo, por radio y televisión, los conciertos de nuestros cantantes favoritos. ¡Vivimos en una pequeña aldea!
Así, nuestra vida intelectual es más activa e intensa. Usamos, aprendemos y disfrutamos las creaciones intelectuales. El trabajo de miles y millones -y la tecnología moderna- nos lo hacen posible. Con frecuencia, muchos de nosotros también somos creadores: escribimos cuentos y poemas, ilustramos con dibujos ... inventamos canciones.
Pues bien, por eso a todos nosotros nos protege el Derecho de Autor.
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La tienda del viejo Gutemberto
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